ACERCA DE NUESTROS FANTASMAS

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Los pensamientos a menudo pueden comportarse como fantasmas, además de convertir  nuestra mente en lo más parecido a una casa encantada donde merodean, “estos fantasmas” habitan  y vagan a sus anchas por nuestra mente sin que nosotros aparentemente lo podamos impedir. Estas fluctuaciones mentales que se alimentan  de nuestra energía, y lo digo literalmente, en la mayoría de los casos ya han perdido toda su funcionalidad, es decir, no sirven para nada y desprenderse de ellos no es tarea fácil, pero si fuéramos capaces de deshacernos al menos de aquellos pensamientos que ya no necesitamos portar, seguramente conseguiríamos recuperar esa sensación de llevar “menos carga o actividad mental” cuya energía sobrante podría ser  dirigida alguna otra actividad mucho más productiva.

Estos “fantasmas” aparentemente incontrolables y estrechamente ligados a una “aceptación negativa” que inciden directamente sobre nuestra autoestima nos pueden  producir sensaciones negativas de angustia, autorechazo, enjuiciamientos innecesarios, ansiedad, malestar, incluso un sentimiento de culpa o de fracaso que se puede cronificar, pudiendo llegar a convertir a nuestros  pensamientos en nuestro peores enemigos; lo que avocaría emociones negativas que enturbiarían aun más nuestra salud mental, la cual a veces parece sostenerse sobre un delgado hilo.

La toma de conciencia de estos pensamientos es el primer paso para acercarnos un poco más a la transformación de los procesos mentales, también es imprescindible un reconocimiento de la necesidades de cambio y el comenzar a aceptar nuestras inadecuaciones, además de una fuerza interior que invita a la acción y a ponerse manos a la obra.

Los pensamientos son impulsos creativos que activan nuestras emociones, estas manifestaciones psíquicas, inmateriales e intangibles pero con un gasto energético enorme son capaces de somatizarse a nivel corporal, es decir que de nosotros depende y que tenemos la responsabilidad de mantener a los “pensamientos fantasmales” a raya, porque si ocurriera que predominaran además de alterar nuestro estado fisiológico, también lo hará a un nivel psicológico y energético.

Según uno de los textos más importantes del yoga  define a esta disciplina como “la preparación a un profundo cambio con relación a antiguos modos de pensamiento…”, es decir, no debemos identificarnos con nuestros fantasmas o pensamientos  y si logramos alejarnos de ellos, que es posible mediante la práctica y el desapego, y vuelvo a repetir, capaces al menos de desprendernos de aquellos que tan  sólo suponen una carga además de poder mantenerlos bajo control daríamos lugar a la mejora de nuestra salud, desarrollando  una mirada más positiva y constructiva; además de recuperar la capacidad creativa para resolver aquellos problemas cotidianos a los que tengamos que hacer frente a lo largo de nuestra vida y que seguramente siempre sean muchos más de los que nos gustaría esperar.


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